Capitulo 9:
Matreriando lo pasaba
ya a las casas no venÃa;
solÃa arrimarme de dÃa,
mas, lo mesmos que el carancho,
siempre estaba sobre el rancho
espiando a la polecÃa.
Viva el gaucho que ande mal,
como zorro perseguido,
hasta que al menor descuido
se lo atarasquen los perros,
pues nunca le falta un yerro
al hombre mas alvertido.
Y en esa hora de la tarde
en que tuito se adormece,
Literatura Gauchesca
Capitulo 7:
De carta de más me vÃa
sin saber a donde dirme;
mas dijeron que era vago
y entraron a perseguirme.
Nunca se achican los males,
van poco a poco creciendo,
y ansina me vide pronto
obligado a andar juyendo.
No tenÃa mujer ni rancho
y a más, era resertor;
no tenÃa una prenda güena
ni un peso en el tirador
A mis hijos infelices
pensé volverlos a hallar,
y andaba de un lao al otro
sin tener ni que pitar.
Supe una vez por desgracia
que habia un baile por allÃ,
y medio desesperao
a ver la milonga fuÃ.
Riunidos al pericón
tantos amigos hallé,
que alegre de verme entre ellos
esa noche me apedé.
Como nunca, en la ocasión
por peliar me dió la tranca.
y la emprendà con un negro
que trujo una negra en ancas.
Al ver llegar la morena,
que no hacÃa caso de naides,
le dije con la mamúa:
-Va...ca...yendo gente al baile.-
La negra entendió la cosa
y no tardó en contestarme,
mirándome como a un perro:
-Mas vaca será su madre._
Y dentró al baile muy tiesa
con más cola que una zorra,
haciendo blanquiar los dientes
lo mesmo que mazamorra.
-!Negra linda!-... dije yo.
-Me gusta... pa la carona-;
y me puse a champurriar
esta coplita fregona:
-A los blancos hizo Dios,
a los mulatos San Pedro,
a los negros hizo el diablo
para tizón del infierno.-
HabÃa estao juntando rabia
el moreno dende ajuera;
en lo escuro le brillaban
los ojos como linterna.
Lo conocà retobao,
me acerqué y le dije presto:
-Po...r...rudo que un hombre sea
nunca se enoja por esto.
Corcovió el de los tamangos
y creyéndose muy fijo:
-!Mas porrudo seras vos,
gaucho rotoso!-, me dijo.
Y ya se me vino al humo
como a buscarme la hebra,
y un golpe le acomodé
con el porrón de ginebra.
Ahi nomás pegó el de hollÃn
mas gruñidos que un chanchito,
y pelando el envenao
me atropelló dando gritos.
Pegué un brinco y abrà cancha
diciéndoles: -Caballeros,
dejen venir ese toro.
solo nacÃ... solo muero.-
El negro, después del golpe,
se habÃa el poncho refalao
y dijo: -Vas a saber
si es solo o acompañado.
Y mientras se arremangó,
yo me saqué las espuelas,
pues malicié que aquel tÃo
no era de arriar con las riendas.
No hay cosa como el peligro
pa refrescar un mamao;
hasta la vista se aclara
por mucho que haiga chupao.
El negro me atropelló
como a quererme comer;
me hizo dos tiros seguidos
y los dos le abarajé.
Yo tenÃa un facon con S,
que era de lima de acero;
le hice un tiro, lo quitó
y vino ciego el moreno;
Y en el medio de las aspas
un planazo le asenté,
que lo largue culebriando
lo mesmo que buscapié.
Le coloriaron las motas
con la sangre de la herida,
y volvió a venir jurioso
como una tigra parida.
Y ya me hizo relumbrar
por los ojos el chchillo,
alcanzando con la punta
a cortarme en un carrillo.
Me hirvió la sangre en las venas
y me le afirmé al moreno,
dándole de punta y hacha
pa dejar un diablo menos.
Por fin en una topada
en el cuchillo lo alcé,
y como un saco de güesos
contra un cerco lo largué.
Tiró unas cuantas patadas
y ya cantó pal carnero:
nunca me puedo olvidar
de la agonÃa de aquel negro.
En esto la negra vino
con los ojos como ajÃ
y empezó la pobre allÃ
a bramar como una loba.
yo quise darle una soba
a ver si la hacÃa callar,
mas pude reflesionar
que era malo en aquel punto,
y por respeto al dijunto
no la quise castigar.
Limpié el facón en los pastos,
desate mi redomón,
monté despacio y salÃ
al tranco pa el ca˜nadon.
Después supe que al finao
ni siquiera lo velaron,
y retobao en un cuero,
sin rezarle lo enterraron.
Y dicen que dende entonces,
cuando es la noche serena
suele verse una luz mala
como de alma que anda en pena.
Yo tengo intención a veces,
para que no pene tanto,
de sacar de allà los gutilde; esos
y echarlos al camposanto.
Capitulo 8:
Otra vez en un boliche
estaba haciendo la tarde;
cayó un gaucho que hacia alarde
de guapo y peliador;
a la llegada metió
el pingo hasta la ramada,
y yó sin decirle nada
me quedé en el mostrador.
Era un terne de aquel pago
que naides lo reprendÃa,
que sus enriedos tenÃa
con el señor comendante;
y como era protegido,
andaba muy entonao,
y a cualquier desgraciao
lo llevaba por delante.
!Ah pobre! si el mismo creiba
que la vida le sobraba;
ninguno dirÃa que andaba
aguaitandolo la muerte.
pero ansà pasa en el mundo,
es ansà la triste vida:
pa todos esta escondida
la güena o la mala suerte.
Se tiró al suelo; al dentrar
e dio un empellon a un vasco,
y me alargó un medio frasco
diciendo: -Beba cuñao.-
-Por su hermana-, contesté.
-Que por la mia no hay cuidao.-
-!Ah, gaucho!, me respondió;
-De que pago será crioyo?
lo andará buscando el hoyo?
deberá tener gutilde;en cuero?
pero ande bala este toro
no bala ningún ternero.-
Y ya salimos trenzaos
porque el hombre no era lerdo,
mas como el tino no pierdo,
y soy medio ligerón,
le dejé mostrando el sebo
de un revez con el facón.
Y como con la justicia
no andaba bien por allÃ,
cuanto pataliar lo vÃ,
y el pulpero pegó el grito,
ya pa el palenque salÃ
como haciendome chiquito.
Monté y me encomendé a Dios,
rumbiando para otro pago,
que el gaucho que llaman vago
no puede tener querencia,
y ansà de estrago en estrago
vive llorando la ausencia.
El andaba siempre juyendo,
siempre pobre y perseguido,
no tiene cueva ni nido
como si juera maldito;
porque el ser gaucho... !barajo!,
el ser gaucho es un delito.
Es como el patrio de posta;
lo larga este, aquel lo toma,
nunca se acaba la broma;
dende chico se parece
al arbolito que crece
desamparao en la loma.
Le echan la agua del bautismo
aquel que nació en la selva;
-busca madre que te envuelva-,
le dice el flaire y lo larga.
y dentra a cruzar el mundo
como burro con la carga.
Y se cria viviendo al viento
como oveja sin trasquila;
mientras su padre en las filas
anda sirviendo al gobierno,
aunque tirite en invierno,
naides lo ampara ni asila.
Le llaman -gaucho mamao-
si lo pillan divertido,
y que es mal entretenido
si en un baile lo sorprienden;
hace mal si se defiende
y si nó, se ve... fundido.
No tiene hijos ni mujer,
ni amigos ni protetores,
pues todos son sus señores
sin que ninguno lo ampare:
tiene la suerte del güey,
y donde irá el güey que no are?
Su casa es el pajonal,
su guarida es el desierto;
y si de hambre medio muerto
le echa el lazo a algun mamóm,
lo persiguen como a plaito,
porque es un gaucho ladrón.
Y si de un golpe por ahi
lo dan güelta panza arriba,
no hay un alma compasiva
que le rece una oración;
tal vez como cimarrón
en una cueva lo tiran.
El nada gana en la paz
y es el primero en la guerra;
no le perdonan si yerra,
que no saben perdonar,
porque el gaucho en esta tierra
solo sirve pa votar.
Para el son los calabozos,
para el las duras prisiones,
en su boca no hay razones
aunque la razon le sobre;
que son campanas de palo
las razones de los pobres.
Si uno aguanta, es gaucho bruto;
si no aguanta es gaucho malo.
!dele azote, dele palo,
porque es lo que el necesita!
de todo el que nació gaucho
esta es la suerte maldita.
Vamos suerte, vamos juntos
dende que juntos nacimos;
y ya que juntos vivimos
sin podernos dividir...
yo abriré con mi cuchillo
el camino pa seguir.
Capitulo 5:
Yo andaba desesperao,
aguardando una ocasión
que los indios un malón
nos dieran, y entre el estrago
hacérmeles cimarrón
y volverme pa mi pago.
Aquello no era servicio
ni defender la frontera;
aquello era ratonera
en que sólo gana el juerte:
era jugar a la suerte
con una taba culera.
Allà tuito va al revés;
los milicos son los piones,
y andan en las poblaciones
emprestaos pa trabajar;
los rejuntan pa peliar
cundo entran indios ladrones.
Yo he visto en esa milonga
muchos Jefes con estancia,
y piones en abundancia,
y majadas y rodeos;
he visto negocios feos
a pesar de mi inorancia.
Y colijo que no quieren
la barunda componer;
para eso no ha de tener,
el Jefe que esté de estable,
mas que su poncho y su sable,
su caballo y su deber.
Ansina, pues, conociendo
que aquel mal no tiene cura,
que tal vez mi sepoltura
si me quedo iba a encontrar,
pensé mandarme mudar
como cosa más sigura.
Y pa mejor, una noche
¡que estaquiada me pegaron!
casi me descoyuntaron
por motivo de una gresca:
¡ahijuna, si me estiraron
lo mesmo que guasca fresca!
Jamás me puedo olvidar
lo que esa vez me pasó;
dentrando una noche yo
al fortÃn, un enganchao,
que estaba medio mamao,
allà me desconoció.
Era un gringo tan bozal,
que nada se le entendÃa,
¡quién sabe de ande serÃa!
tal vez no juera cristiano,
pues lo único que decÃa
es que era pa-po-litano.
Estaba de centinela
y por causa del peludo
verme más claro no pudo,
y esa jué la culpa toda:
el bruto se asustó al ñudo
y fà el pavo de la boda.
Cuando me vido acercar:
-quien vivore...?- preguntó;
-que viboras?-, dije yo.
-¡Ha garto!-, me pegó el grito,
y yo dije despacito:
-¡mas lagarto seras vos!-
Ahi no más, ¡Cristo me valga!,
rastrillar el jusil siento:
me agaché, y en el momento
el bruto me largó un chumbo;
mamao, me tiró sin rumbo,
que si no, no cuento el cuento.
Por de contao, con el tiro
se alborotó el avispero;
los Oficiales salieron
y se empezo la junción;
quedo en su puesto el nación,
y yo fà al estaquiadero.
Entre cuatro bayonetas
me tendieron en el suelo;
vino el mayor medio en pedo
y allà se puso a gritar:
-¡pÃcaro, te he de enseñar
andar reclamando sueldos!-
De las manos y las patas
me ataron cuatro cinchones;
les aguanté los tirones
sin que ni un !ay! se me oyera,
y al gringo la noche entera
lo harté con mis maldiciones.
Yo no sé porqué el gobierno
nos manda aquà a la frontera
gringada que ni siquiera
se sabe atracar a un pingo.
¡si creerá al mandar un gringo
que nos manda alguna fiera!
No hacen más que dar trabajo,
pues no saben ni ensillar;
no sirven ni pa carniar:
y yo he visto muchas veces
que ni voltiadas las reses
se les querÃan arrimar.
Y lo pasan sus mercedes
lengüetiando pico a pico
hasta que viene un milico
a servirles al asao...
y eso sÃ, en lo delicaos,
parecen hijos de rico.
Si hay calor, ya no son gente;
si yela, todos tiritan;
si usté no les da, no pitan
por no gastar en tabaco,
y cuando pescan un naco
uno al otro se lo quitan.
Cuando llueve se acoquinan
como perro que oye truenos.
¡Que diablos!, sólo son güenos
pa vivir entre maricas,
y nunca se andan con chicas
para alzar ponchos ajenos.
Pa vichar son como ciegos;
no hay ejemplo de que entiendan,
ni hay uno solo que aprienda,
al ver un bulto que cruza,
a saber si es avestruza,
o si es jinete, o hacienda.
Si salen a perseguir
después de mucho aparato,
tuitos se pelan al rato
y va quedando el tendal:
esto es como en un nidal
echarle güevos a un gato.
Capitulo 6:
Vamos dentrando recién
a la parte mas sentida,
aunque es todita mi vida
de males una cadena:
a cada alma dolorida
le gusta cantar sus penas.
Se empezó en aquel entonces
a rejuntar caballada,
y riunir la milicada
teniendola en el cantón,
para una despedición
a sorprender a la indiada.
Nos anunciaban que irÃamos
sin carretas ni bagajes
a golpiar a los salvajes
en sus mesmas tolderÃas;
que a la güelta pagarÃan
licenciándolo al gauchaje;
Que en esta despedición
tuviéramos la esperanza;
que iba a venir sin tardanza,
según el Jefe contó,
un menistro o que se yo...
que le llamaban don Ganza;
Que iba a riunir el ejército
y tuitos los batallones,
y que traiba unos cañones
con más rayas que un cotÃn;
!pucha!... Las conversasiones
por allá no tenian fÃn.
Pero esas trampas no enriedan
a los zorros de mi laya;
que esa Ganza venga o vaya,
poco le importa a un matrero.
yo también deje las rayas...
en los libros del pulpero.
Nunca juà gaucho dormido;
siempre pronto, siempre listo,
yo soy un hombre, !que Cristo!,
que nada me ha acobardao,
y siempre salà parao
en los trances que me he visto.
Dende chiquito gané
la vida con mi trabajo,
y aunque siempre estuve abajo
y no sé lo que es subir
tambien el mucho sufrir
suele cansarnos, !barajo!
En medio de mi inorancia
conozco que nada valgo:
soy la liebre o soy el galgo
asigún los tiempos andan;
pero también los que mandan
debieran cuidarnos algo.
Una noche que riunidos
estaban en la carpeta
empinando una limeta
el Jefe y el Juez de Paz,
yo no quise aguardar más,
y me hice humo en un sotreta.
Me parece el campo orégano
dende que libre me veo;
donde me lleva el deseo
allà mis pasos dirijo,
y hasta en las sombras de fijo
que donde quiera rumbeo.
Entro y salgo del peligro
sin que me espante el estrago,
no aflojo al primer amago
ni jamás fà gaucho lerdo:
soy pa rumbiar como el cerdo,
y pronto caà a mi pago.
VolvÃa al cabo de tres años
de tanto sufrir al ñudo
resertor, pobre y desnudo,
a procurar suerte nueva;
y lo mesmo que el peludo
enderecé pa mi cueva.
No hallé ni rastro del rancho:
!solo estaba la tapera!
!por cristo si aquello era
pa enlutar el corazón!
!yo juré en esa ocasión
ser mas malo que una fiera!
!Quien no sentirá lo mesmo
cuando ansà padece tanto!
puedo asigurar que el llanto
como una mujer largué:
!Ay, mi Dios: si me quedé
mas triste que Jueves Santo!
Sólo se oiban los aullidos
de un gato que se salvó;
el pobre se guareció
cerca, en una vizcachera:
venÃa como si supiera
que estaba de güelta yo.
Al dirme dejé la hacienda
que era todito mi haber;
pronto debÃamos volver,
sigún el Juez prometÃa,
y hasta entonces cuidaria
de los bienes, la mujer.
......................................
Después me contó un vecino
que el campo se lo pidieron;
la hacienda se la vendieron
pa pagar arrendamientos,
y que sé yó cuantos cuentos;
pero todo lo fundieron.
Los pobrecitos muchachos,
entre tantas afliciones,
se conchabaron de piones;
!más que iban a trabajar,
si eran como los pichones
sin acabar de emplumar!
Por ahi andarán sufriendo
de nuestra suerte el rigor:
me han contao que el mayor
nunca dejaba a su hermano;
puede ser que algún cristiano
los recoja por favor.
!Y la pobre mi mujer,
dios sabe cuánto sufrió!
me dicen que se voló
con no sé qué gavilán:
sin duda a buscar el pan
que no podÃa darle yo.
No es raro que a uno le falte
lo que a algún otro le sobre
si no le quedó ni un cobre
sino de hijos un enjambre.
que más iba a hacer la pobre
para no morirse de hambre?
!Tal vez no te vuelva a ver,
prienda de mi corazón!
dios te de su proteción
ya que no me la dió a mÃ,
y a mis hijos dende aquÃ
les hecho mi bendición.
Como hijitos de la cuna
andarán por ahi sin madre;
ya se quedaron sin padre,
y ansà la suerte los deja
sin naides que los proteja
y sin perro que les ladre.
Los pobrecitos tal vez
no tengan ande abrigarse,
ni ramada ande ganarse,
ni rincón ande meterse,
ni camisa que ponerse,
ni poncho con que taparse.
Tal vez los verán sufrir
sin tenerles compasión;
puede que alguna ocasión,
aunque los vean tiritando,
los echen de algún jogón
pa que no estén estorbando.
Y al verse ansina espantaos
como se espanta a los perros,
irán los hijos de Fierro,
con la cola entre las piernas,
a buscar almas mas tiernas
o esconderse en algún cerro.
Mas también en este juego
voy a pedir mi bolada;
a naides le debo nada,
ni pido cuartel ni doy:
y ninguno dende hoy
ha de llevarme en la armada.
Yo he sido manso primero,
y seré gaucho matrero;
en mi triste circunstancia,
aunque es mi mal tan projundo,
nacà y me he criado en estancia.
pero ya conozco el mundo.
Ya les conozco sus mañas,
le conozco sus cucañas;
sé como hacen la partida,
la enriedan y la manejan;
deshaceré la madeja
aunque me cueste la vida.
Y aguante el que no se anime
a meterse en tanto engorro
o si no aprétese el gorro
y para otra tierra emigre;
pero yo ando como el tigre
que le roban los cachorros.
Aunque muchos creen que el gaucho
tiene alma de reyuno,
no se encontrará a ninguno
que no le dueblen las penas;
mas no debe aflojar uno
mientras hay sangre en las venas.
Capitulos III y IV completos del Martin Fierro, para imprimir y compartir.
Capitulos I y II completos del Martin Fierro, para imprimir y compartir.
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